BARCO SIN NOMBRE
Un día como en la canción, me fui a navegar, me marché, con una vieja maleta a cuestas, en busca de mi libertad, como un viejo lobo estepario, enfocado en el horizonte. Atrás quedó mi vieja, mirando como mi barco terrestre al cual nunca le di nombre se perdía entra las olas de las curvas mientras el navío dejaba el pueblo. A mi paso conocí el mundo, me di cuenta de que no era fácil ni lleno de fantasías como creía. Esas olas golpeaban fuerte y me arrinconaban contra el acantilado. Quienes una vez creí que eran navegantes de esta vida y que podían ayudar, eran solo piratas detrás de un disfraz. No sabía a dónde ir, ya no sabía qué hacer. Sentado en un oscuro rincón de esa fragata sacudida por la mar lloré sin ningún consuelo, solo una voz interior me gritó: ¡vuelve! Estoy seguro de que era ella. Regresé y arribé a las costas de sus brazos, era mi mamá, quien desde que me marché no había dejado de orar. Y me abrazó, así flaco y quemado por el sol del litoral ardiente y ...