Es algo inevitable, no se puede eludir, sin importar el lugar, en donde quiera que se esté, aquí, allá, sea América, Ásia, Europa, África, Antártida u Oceanía. Donde se nazca no importa, en donde se viva no interesa. El vínculo es el mismo, se pertenece a la misma Tierra, el planeta no cambia y este sin importar en dónde se esté, proporciona el aire, el agua, el suelo fértil que produce el sustento, los recursos y otros elementos para que la vida surja y perdure. A pesar de todo lo que ofrece, tanto que ella da, sus habitantes, sus hijos aquellos que son parte de sus entrañas, a quienes alienta con el frescor del aire, con la belleza de los campos y el dulzor de sus mieles, todos ellos sin excepción, la están golpeando, la maltratan, cada día la ultrajan con actos inmisericordes. Arrojando sus desechos e inmundicias a las aguas de las cuales un día tendrán que tomar, acaban con los árboles que son fuente de oxígeno y reguladores de la temperatura. Destruyen los suelos ...