LA IA, ¿UNA HERRAMIENTA O UN SUCESOR DEL PENSAMIENTO?


Autor: Jhon Jaime Pineda López.

Fecha: junio 2025.

“El verdadero problema no es si las máquinas piensan, sino si los hombres lo hacen.” Skinner, B. F. (1953).

La inteligencia artificial (IA) no solo revoluciona los procesos tecnológicos, sino que también plantea profundas preguntas filosóficas sobre la naturaleza del conocimiento, el estatus epistémico de los agentes artificiales y los límites del saber humano. En este ensayo, se explora el diálogo entre la filosofía del conocimiento, particularmente desde el positivismo lógico, el racionalismo crítico y la concepción historicista de la ciencia y el desarrollo de la IA, con el objetivo de profundizar en los desafíos epistemológicos que surgen al entrelazar máquinas inteligentes y la búsqueda del saber.

Hoy en día hay mucha gente, de muchos sectores que se alarman y se preocupan por el uso de la IA. En el ámbito académico muchos docentes se arrancan las vestiduras ante el Chat GPT y otros similares pero, la IA llegó y lo hizo para quedarse, y no es una novedad sino, que desde el año 2022 cuando open AI desarrolló el Chat GPT se popularizó el concepto de inteligencia artificial y se generó cierto pánico. Sin embargo desde muchos años atrás los avances de este tipo han venido acompañando al ser humano. Nótese bien la expresión ACOMPAÑANDO. Estos recursos son neutrales en sí, lo preponderante, significativo e imperante es el uso que de ellos se haga. Tal cual una navaja, para el artesano se constituye en una herramienta clave para crear piezas artísticas únicas y de gran valor cultural mas para el pícaro puede ser un arma que use para delinquir y causar mal y quizás muerte.

Ahora bien, es considerable entonces que si se usa como elemento de acompañamiento para generar y construir conocimiento, para reforzar análisis y validar diagnósticos que en todo sentido avalen de alguna manera el desarrollo humano, es bienvenida.

El campo de la salud no es el mismo al de hace 50 años. En la actualidad no hay examen médico que no haga uso de algún dispositivo que ayude al diagnóstico, ¿esto le quita el mérito al médico?

No obstante, ante la pregunta ¿Puede una máquina “conocer”?

Es una tensión que se genera con el sujeto cognoscente, en este caso el ser humano en general, quien ha sido el desarrollador de tales máquinas, las cuales a su vez son objeto de estudio no sujetos.

Tradicionalmente, el conocimiento ha sido entendido como una relación entre un sujeto consciente y el mundo. Desde Kant, I. (1781) el criticismo filosófico reveló que conocer implica condiciones a priori del entendimiento, es decir independiente de la experiencia sensorial según su concepción filosófica, lo que delimita los alcances del conocimiento humano. La IA, sin embargo, no posee conciencia ni intenciones: procesa datos según algoritmos entrenados, sin tener una “intuición” o experiencia del mundo. En este sentido, ¿puede una IA ser considerada un sujeto cognoscente?

Se aprecia este concepto de IA, a pesar de lo sofisticado para estos días, como un mecanismo. Sí, dadas ciertas circunstancias, estas se procesan y se obtienen unos resultados. Si no que cada vez las circunstancias son más específicas y los resultados son más precisos.

Desde el marco del positivismo lógico, una IA podría parecer un excelente agente epistémico: analiza enunciados, verifica proposiciones y modela datos empíricos. Sin embargo, este enfoque reduce el conocimiento a lenguaje lógico y verificación empírica, ignorando las dimensiones humanas, éticas y sociales del saber. La IA, bajo este presupuesto, no conoce: simplemente calcula. Es decir, se limita a hacer una operación mecánica.

El criterio de demarcación y la IA como productora de conocimiento

Popper propuso el falsacionismo como criterio para distinguir entre ciencia y pseudociencia. Esta idea tiene eco en la IA cuando se evalúan

Modelos por su capacidad de ser refutados (mediante errores de predicción o evidencia contradictoria). Sin embargo, se plantea la pregunta: ¿es la IA un método científico o una herramienta técnica?

Consecuente con lo que ya expuesto, en el proceso de acompañamiento se debe enfatizar que es una herramienta técnica.

La IA vista desde la perspectiva de la teoría crítica se puede analizar como el poder y el control que se ejercen a través del conocimiento y la tecnología. Esto significa que los algoritmos y modelos de aprendizaje automáticos pueden ser utilizados para ejercer control sobre las personas y las sociedades, por tanto es importante analizar quién tiene el poder de decidir cómo se utilizan estas tecnologías. Aunque se puede considerar que el análisis no es muy riguroso, puesto que la línea de poder no varía en el tiempo. Así los gobiernos de élite invierten en tales desarrollos para de algún modo someter y enajenar a la sociedad bajo un velo de supuesto progreso. “La tecnología puede perpetuar y reforzar los valores y supuestos de la sociedad que la produce” (Marcuse, 1964). Una vez instalado el chip todo entra en juego y el resultado parece producto de la sociedad.

La IA no construye teorías científicas; ejecuta patrones y predicciones, sigue rutas. Teniendo en cuenta que está basada en algoritmos y que un algoritmo es un conjunto de instrucciones paso a paso que se utilizan para resolver un problema o realizar una tarea específica, la IA propiamente dicha no resuelve problemas, evita ejecutar acciones que generen conflicto. “Cuando el algoritmo decide, el juicio humano desaparece. O ‘Neil, C. (2016). Es evidente que el algoritmo no decide, sigue instrucciones.

Pero puede formar parte de programas de investigación (acompañamiento), como los propuestos por Lakatos, si su desarrollo obedece a núcleos teóricos que guían la exploración de problemas reales. Así, la IA podría integrarse a los procesos de construcción de conocimiento, siempre y cuando se inserte en una práctica epistemológicamente justificada y éticamente orientada.

De la ciencia momificada a la ciencia viva: historicismo y tecnología

Kuhn, T. (2004) introdujo una visión revolucionaria de la ciencia como proceso histórico, impulsado por paradigmas y crisis. Desde esta perspectiva, el conocimiento no es atemporal ni absoluto, sino mutable, situado y humano. Aquí, la IA representa una nueva etapa paradigmática: altera los métodos científicos, introduce nuevas herramientas de validación y transforma las comunidades científicas. Extrapolando la teoría de la Sociedad Líquida a este concepto, el conocimiento entonces no es estable y experimenta un cambio continuo. Bauman, F.(2000).

La epistemología historicista nos invita a ver que el conocimiento generado con IA no puede ser comprendido al margen de sus contextos sociales, éticos y tecnológicos. No se trata solo de resultados cuantificables, sino de cómo se construyen, con qué fines, por quiénes y con qué impactos. Así, la IA no puede separarse de una crítica humanista que la someta a revisión constante. Una vez más se acentúa que la IA es un elemento de acompañamiento, no puede desligarse al ser humano de la acción de la IA.

Políticas del conocimiento en la era algorítmica:

En un mundo interconectado, donde la IA impacta decisiones políticas, económicas y culturales, la filosofía del conocimiento adquiere una responsabilidad renovada. Como señala Casanova (2024), es necesario articular una epistemología que no se limite a métodos formales, sino que integre dimensiones éticas, sociales y ambientales. La IA, si bien es poderosa, puede reproducir sesgos, erosionar la autonomía o deshumanizar procesos sociales. No debe perderse de vista que todo ese conjunto son producciones del ser humano para su servicio, no al contrario.

Frente a estos riesgos, la filosofía del conocimiento debe promover una ciencia plural, interdisciplinaria y humanizada. El conocimiento no es solo acumulación de datos, sino interpretación significativa, guiada por valores donde juega un papel irreemplazable el ser humano. La IA debe estar al servicio de una construcción crítica del saber, como es la esencia del genuino conocimiento, como es característico en el pensamiento humano, bajo ningún condicionamiento pretender sustituir dicha construcción.

Así pues, la filosofía del conocimiento ofrece herramientas fundamentales para pensar los desafíos que plantea la inteligencia artificial. Lejos de ser una cuestión técnica, el debate sobre si la IA “conoce” implica revisar nuestras nociones de verdad, racionalidad, método y sujeto. Se evidencia que la IA , al ser programable con una base algorítmica lo que hace es seguir una ruta, lo cual no implica la realización de una reflexión, pensar o conocer. Solo desde una epistemología crítica, histórica y ética podremos integrar la IA en los procesos científicos sin sacrificar la humanidad del conocimiento. Es un elemento de acompañamiento que, en estos tiempos de tensión y de agitación hacen el camino de la humanidad más llevadero y transitable.

En este horizonte, la IA no es un sustituto del pensar, sino una invitación a repensar los límites y posibilidades del saber y a saber que mañana esto sobrepasará las fronteras que ahora tan solo podemos imaginar así como un día les sucedió a las generaciones precedentes.

¿Y qué seguirá?

Usarla bien, como instrumento, como aquella primera herramienta que en la prehistoria fue labrada para facilitar el quehacer diario en la construcción de conocimiento y en ningún instante será sucesor de este.

REFERENCIAS

Marcuse, H. (1964). El hombre unidimensional. Joaquín Mortiz

Bauman, Z. (2000). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.

Kant, I. (1781). Crítica de la razón pura.

O’Neil, C. (2016). _Armas de destrucción matemática: Cómo el big data aumenta la desigualdad y amenaza la democracia.

González Casanova, P. (2004). Impensar las ciencias sociales.

Briceño T. (2009). El paradigma científico y su fundamento en la obra de Thomas Kuhn. Tiempo y espacio. Recuperado de

https://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1315-94962009000200006

Skinner, B. F. (1953). Ciencia y conducta humana. Editorial Fondo de Cultura Económica.

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