APARIENCIA DE MIEL

 



Transeúntes pasan y desprevenidas

con sus pasos lentos, firmes y undívagos

que captan la atención

y desconcentran hasta

al más abnegado doctor.

Con su monumental templo,

unos más cubiertos e intrigantes,

otros manifestados

como la voz hablante,

que no dejan nada a la imaginación

pero sí algo de rubor

y un dulce sabor.

Las fuentes de donde

provino la vía láctea, 

atrapan y desgarran, 

y su monte enmarañado

a muchos confunde y envolata. 

Como una nave en la mar,

que deja su estela al cruzar,

así estos seres

como de mitología griega,

dejan su encanto

en cada paso,

y en las mentes

como de cupido un retrato.

Los ondulantes vaivenes

de su andar

y esa fragancia que cautiva

al respirar,

atrapan con sus ojos de fuego,

si sus miradas nos logran atravesar.

Se ven por todas partes,

parece una invasión,

pero lo triste de todo esto,

es que no son reales,

son una ilusión.

Su encanto no es genuino,

más bien es como un veneno

que con su apariencia de miel,

en un brebaje mortífero. 


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