CUIDAR LA TIERRA




Es algo inevitable,

no se puede eludir,

sin importar el lugar,

en donde quiera que se esté,

aquí, allá,

sea América, Ásia, Europa,

África, Antártida u Oceanía.

Donde se nazca no importa,

en  donde se viva no interesa.

El vínculo es el mismo,

se pertenece a la misma Tierra,

el planeta no cambia

y este sin importar

en dónde se esté,

proporciona el aire, el agua,

el suelo fértil que produce el sustento,

los  recursos y otros elementos

para que la vida surja y perdure.

A pesar de todo lo que ofrece,

tanto que ella da,

sus habitantes, sus hijos

aquellos que son parte de sus entrañas,

a quienes alienta con el frescor del aire,

con la belleza de los campos

y el dulzor de sus mieles,

todos ellos sin excepción,

la están golpeando,

la maltratan, cada día la ultrajan

con actos inmisericordes.

Arrojando sus desechos e inmundicias

a las aguas de las cuales

un día tendrán que tomar,

acaban con los árboles

que son fuente de oxígeno 

y reguladores de la temperatura.

Destruyen los suelos

y después no tendrán dónde sembrar.

Enceguecidos por su ego y avaricia,

por la acumulación en sus cuentas,

y sus colecciones de bienes y vehículos,

actúan con salvajismo

disfrazado de lucha, civilización y progreso.

Sus teorías económicas y de capital

poco  a poco y cada vez a mayor velocidad, 

le están manipulando la mente a las personas 

 y a todos van a sepultar. 

Hay toneladas de plástico 

que nunca se va a degradar, 

flotando en los mares

y la tragedia es descomunal. 

El ser humano es el “homo sapiens – sapiens”, 

hombre que sabe que sabe pero, 

en sus hechos generales, 

muestra todo lo contrario. 

Es protagonista de la barbarie

contra  su propia especie, 

contra las especies que 

cohabitan con él y contra el planeta, 

contra su hogar. 

Si se daña una casa se arregla 

o se busca otra pero, 

si se destruye la Tierra, 

¿Para dónde se puede ir? 

No hay más destino. 

Así conozcan la luna y hasta Marte

vivir en casa ajena es mortal,

y ser extranjero siempre será difícil. 

Mi dolor desde joven

no lo he podido lidiar. 

Pasan y pasan los años 

Y todo sigue igual, 

quizás peor y sin exagerar. 

Ya pasaron los años

Y ahora pienso en mis hijos, 

en sus hijos y todas las generaciones venideras. 

Sé que en ellos sembré semillas, 

sé que en ellos hay conciencia ambiental, 

saben que se debe cuidar el hogar. 

Contra la industria no se puede hacer nada

pero sí está en nuestras manos 

dar manejo a cada desecho. 

No arrojándolos a las calles 

ni usar tantos plásticos ni envases. 

Si se puede, es posible, 

nuestro hogar se puede rescatar. 






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