BARCO SIN NOMBRE

 


Un día como en la canción,

me fui a navegar,

me marché, 

con una vieja maleta a cuestas,

en busca de mi libertad,

como un viejo lobo estepario,

enfocado en el horizonte.

Atrás quedó mi vieja,

mirando como mi barco terrestre

al cual nunca le di nombre

se perdía entra las olas de las

curvas mientras el navío dejaba el pueblo.

A mi paso conocí el mundo,

me di cuenta de que no era fácil

ni lleno de fantasías como creía.

Esas olas golpeaban fuerte

y me arrinconaban contra el acantilado.

Quienes una vez creí que eran

navegantes de esta vida

y que podían ayudar,

eran solo piratas detrás de un disfraz.

No sabía a dónde ir,

ya no sabía qué hacer.

Sentado en un oscuro rincón

de esa fragata sacudida por la mar

lloré sin ningún consuelo,

solo una voz interior

me gritó: ¡vuelve!

Estoy seguro de que era ella.

Regresé y arribé 

a las costas de sus brazos,

era mi mamá,

quien desde que me marché

no había dejado de orar.

Y me abrazó, así flaco

y quemado por el sol

del litoral ardiente y húmedo.

Llegué con la misma  maleta vieja

ahora más liviana

pero más llena de ilusiones

y de historias por contar.




Comentarios

  1. Un relato, un anhelo. Una maleta cargada de iluisuones. Esa misma maleta que hay que alivianar en el ocaso existencial

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

¿Sentido?

¿USTED?

CICLOS Y RETORNO EN LA HISTORIA Y LA VIDA