LOS RAYOS

 



Aquella noche parecía una guerra galáctica como aquellas de las películas de ficción. Por todos lados veía solo el resplandor de potente luminosidad de los rayos que caían por todo el campo. Solo anhelaba un refugio para resguardarme de la temida guerra, algún bunker o trinchera donde hallar protección de la emboscada celestial, los sonidos eran ensordecedores, literalmente sentía la vibración producida por el poder de los impactos y los destellos de escoria incandescente tal cual como cuando hace erupción un volcán. Era una noche muy oscura, sin luna y el cielo todo se iluminaba como un amanecer con cada rayo que surcaba los aires. Venían a mi mente las palabras de las abuelas cuando decían que arriba estaban corriendo los corotos, también recordaba las sagas nórdicas refiriéndose al rayo y sonido producido por el martillo de su dios. En ese momento solo sabía que en todo este celestial espectáculo había una enorme demostración de furia y poder de la naturaleza. En medio de la aterradora exhibición había tal belleza que no podía dejar de impresionarme  ni podía dejar de admirarla. Mi respeto para estos fenómenos siempre ha sido grande, reconozco en ellos gran superioridad y fuerza ante los cuales nosotros somos diminutos e insignificantes.

Mi visión estaba limitada, encandilada ante tales destellos pues a pesar del asombro no podía dejar de mirar como casi que en caída libre, en cuestión de fracciones de segundo, se desprendían desde lo alto del firmamento, abriéndose un camino zigzagueado hasta llegar a la corteza y desaparecer. Cada rayo ramificado o incluso tomando la forma de una raíz, otros parecían lanzas torcidas… los fuertes vientos acompañaban el evento y la niebla cubrió por un momento todo el escenario como si a la tarima le hubieran liberado gas para causar mayor impresión. Quería esconderme, o estar en el abrigo de mi casa, allí expuesto me di cuenta de que el espacio de uno, el hogar, la casa, nos otorgan un gigante sentimiento de seguridad y protección. Muchas veces he estado en la casa y ha llovido con tormenta eléctrica pero, por esa sensación inigualable de seguridad que allí percibo, estos sonidos estruendosos han pasado desapercibidos para mí. En el campo es diferente, es la tormenta en el papel casi que de un oponente desafiante, que pareciera que se diera cuenta de nuestro temor, como si pudiera olfatearnos y así alimentar su poder. 

Ante tal situación y en medio de tanto asombro, un titánico del cielo se precipitó con un colosal poder partiendo por la mitad a un enorme árbol erigido sobre la orilla del camino. 


De repente entonces, lo último que vi fue un enceguecedor relámpago y escuché casi a reventar mis tímpanos, un poderoso trueno que me dejó aturdido… enseguida ya no estaba en el campo habitual de mi rutina. Todo ahora era iluminado, mi retina no soportaba tal incandescencia. El silencio incomparable, nunca había presenciado un ambiente así de tranquilo. El piso era tan blanco y parecía tan suave que transmitía una paz total. Miré a mí alrededor una y otra vez y no veía a nadie ni tampoco escuchaba nada, ni el más mínimo murmullo irrumpía esa tranquilidad. Miraba mis manos y mis pies, tocaba mi rostro y no podía entender qué estaba sucediendo ni dónde estaba, sólo recordaba vagamente que estaba en medio de una furiosa tormenta eléctrica, también recordaba a mis compañeros pero, allí en ese resplandeciente lugar donde ahora me hallaba solo, al parecer, estaba yo. Caminaba por todos lados,  no con ansiedad ni desespero sino con admiración y complacencia por tanta belleza en una sola imagen, o mejor, en un solo lugar. Recordaba que cuando era niño, me podía pasar largos ratos sentado en el patio de la casa de mis padres, mirando arriba las nubes en el cielo y soñando con estar sobre ellas, allá en aquella altura, en esa inmensa profundidad que ofrecen los cielos. Ahora, al estar allí creía que ese sueño de niño ahora se había hecho realidad. Si, parecía que había conquistado la cima, que no había nada más sobre mí. En realidad quería quedarme allí, estar allí sobre “esas nubes” para siempre.

Mientras caminada y caminaba deambulando por ese encantador lugar, vi como el vapor que allí abundaba, fue dando forma a unas escaleras en espiral que se posaron a mi paso pero, las esquivé, sin embargo ellas se formaban una y otra vez en frente de mí. Me detuve y las miré, parecían sin fin, mi visión se agotaba al tratar de captar la altura que alcanzaban.

Me vi casi obligado a iniciar el ascenso a través de ellas, no tenía otra alternativa, pues si me movía a cada costado ellas también iban cambiando de lugar.

Por primera vez durante todo este lapso que allí llevaba, tuve temor, dudé, me detuve, miré atrás, mi familia vino y se apoderó de mi mente… miré por todos lados buscándolos. Pero fue en vano continuaba solo allí. En ese momento me di cuenta de que no era un sueño, de que algo estaba sucediendo, de que esas escaleras me llevarían a un viaje sin fin. Quise reusarme a subir, me negué a aceptar esa realidad. 


Sabía que aún tenía cosas pendientes por culminar, me aferré con toda la fuerza de mis entrañas a mi deseo de no estar más allí ni de dejarme conquistar por tanta paz. No me moví más, no avancé ni tan solo otro paso. Empecé a sentir presión en mi pecho, empecé a sentir frío y temor, lo que estuve observando por no sé cuanto tiempo se fue disipando. En ese momento el panorama actual tuvo un vuelco total y pude ver otra escena. Me vi postrado sobre la camilla de una ambulancia donde unos paramédicos hacían todo lo necesario para reanimarme. Tuve gran temor pero, una tremenda esperanza me embargó. 

Y ahora escuchaba el bullicio de sirenas y los gritos de paramédicos que decían: ¡Código azul, código azul! Mientras hacían esfuerzos inmensos por ayudarme. 

Entonces al parecer el panorama cambió porque gritaron :¡volvió, volvió! Mientras la adrenalina desbordaba por sus poros y ahora chocaban sus manos con gran emoción  como símbolo de victoria. 


Comentarios

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

¿Sentido?

¿USTED?

CICLOS Y RETORNO EN LA HISTORIA Y LA VIDA