SABIDURÍA ANCESTRAL
Si esta maraña de tierra y monte,
de agua, lodo, bejucos,
insectos, fieras y voladores...
Si todos ellos se levantaran y personificados
en un gran monstruo,
elevaran su voz de protesta y así como los destruimos, ellos nos destruyeran,
quizás en mi agonía
feliz me sintiera.
Anhelo y leo con regocijo
e invadido de emoción,
esas leyendas que no sé
quien escribió, de la Madre Monte, o de seres elementales, que custodian y protegen
a los campos naturales, que castigan y enloquecen, a los artífices de los males.
Me alegra y me gustaría, que esos cuentos fueran reales.
Aunque me pregunto si los cuales, en ciertos momentos, como cuando hay grandes tempestades,
son el llanto de furia de algunas posibles deidades.
O cuando el suelo se estremece, derribando construcciones, y derrumbando montañones, sea por los golpes de gigantes de tierra airados y feroces.
O cuando las inmensas olas, a las costas sobrepasan, quizás sea por potentes coletazos de las sirenas airosas, o cetáceos enfadados por su mar contaminado.
Será que las ventiscas y fuertes huracanes, se dan por invisibles aves que aletean con bravura,
para hacer ver a la gente que hay seres en las alturas.
Esa madre tierra, esa señora naturaleza, ella no está muerta, ella aún está viva.
Nosotros, somos viajantes pasajeros, que mañana no estaremos.
A ella no la acabamos, mas nosotros sí moriremos.
Ella, aunque tarde podrá regenerarse pero,
¿si nosotros nos auto extinguimos?
Ella, a su debido tiempo
y con su sabía paciencia
se levantará, poco a poco se irá sanando.
¿Y el hombre? ¿A donde lo llevará su progreso?
Un desarrollo ficticio
que malogra lo vital,
tantos viajes espaciales
pero al fin el hombre
es un animal.
No valora su hogar, no respeta sus raíces,
ni siquiera aprendió
lo importante que es respirar, cuando una
colosal pandemia
arrasó con muchas vidas.
No entendió que la Tierra, ha estado y estará, que sus fuerzas son supremas
y que la debemos respetar
como lo hace
la sabiduría ancestral.

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