LA FUGA



Todo empezó con una molesta gota

que caía produciendo

un sonido algo irritante.

Al principio era muy espaciado,

muy intermitente, lo cual

me generaba mucha ansiedad. Debía tapar

mis oídos con alguna goma

si quería dormir. Otra solución momentánea fue

amarrar al tubo una mecha

vieja de algún trapo de limpiar, así no caía la gota

directamente al agua del

tanque donde se producía el desesperante ruido.

Bueno, fue válido por algún tiempo, luego la

gota se hizo más continua,

ahora el problema era que en un

descuido se podía rebosar

y derramar el agua del tanque.

Entonces hubo otra posible solución,

se amarró el tubo a su alrededor

con una larga tira de caucho,

a la cual se le dieron varias vueltas,

se ajustó bien y sí, la gota menguó.

Pasó el tiempo, este que no deja nada suelto,

y la gota ensordecedora volvió a “pisar las tablas.”

Esta vez más continua y el caucho ya fue inútil.

Las soluciones momentáneas estaban

ralentizando lo inevitable.

Se buscó ayuda externa, se acudió a un plomero quien

afirmó que atendería el caso al día siguiente pero,

 este hombre por alguna razón no acudió.

Esa misma noche, cerca de las doce,

cuando todos en la casa estaban en profundo sueño,

 un estruendoso ruido de muchas aguas los despertó.

Precipitosamente se levantaron

y en efecto la presión del agua había expulsado

el grifo con unión incluída.

A esa hora no había a quien pedir ayuda.

Definitivamente debían buscar una solución

inmediata pues la casa se estaba inundando.

En una situación así, el subconsciente entra en acción.

A pesar de que la llave de paso, afuera en el anden,

no tenía manija, se buscó la manera de cerrarla.

El caudaloso y fuerte flujo cesó. La gota desapareció.

El problema mismo al agrandarse trajo la solución.

Al ver el grifo totalmente despegado todo fue más sencillo.

 Solo bastaba con secar bien las piezas,

lijar el viejo pegante y removerlo,

 limpiar las impurezas, aplicar soldadura o pegante

y unir de nuevo las piezas.

Lo que venía siendo un problema, se acrecentó,

causó revolución pero al final, el caos se hizo bonanza.

Pineda, J. (18 sept/25).

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