LA GUERRA DE SACO Y CORBATA
Sé que la guerra tiene varias causas como el poder, el dominio, la política, la economía (y en este aspecto sobre todo), la religión, causas de tipo racial… etc.
(Hannah Arendt advierte que la violencia aparece allí donde el poder se absolutiza y deja de dialogar con la pluralidad humana).
Pero ¿por qué hay guerra?, ¿qué lleva al ser humano a encausarse de tan diversas maneras a tener este sentimiento que se traduce en odio hacia su prójimo, su próximo, su ser más cercano y así atentar contra la propia especie?
(Thomas Hobbes ya señalaba que el miedo, la desconfianza y el deseo de gloria pueden convertir la convivencia en una “guerra de todos contra todos”).
Entiendo que es propio de la naturaleza humana dominar y querer más y más pero, ¿por qué esta característica hace parte de su naturaleza? Y ¿podrá esto llegar a cambiar?
(Para Aristóteles, el ser humano es un animal político, orientado a la convivencia, pero también atravesado por pasiones que, sin educación ética, se desbordan).
Mirando a lo largo de la historia, la guerra ha sido la sombra de la humanidad o ¿la humanidad la sombra de la guerra?
(Immanuel Kant veía la historia humana marcada por un antagonismo insociable que, paradójicamente, impulsa el progreso y a la vez lo amenaza).
¿Existe la guerra en sí? ¿Es algo natural? ¿Deberíamos no alarmarnos por ella? Asumir que está allí presente y que en cualquier momento, tarde o temprano emergerá en cualquier parte, en cualquier época y por alguna de tantas causas.
(Clausewitz afirmaba que la guerra no es un hecho aislado, sino la continuación de la política por otros medios).
Porque sí o porque no. Si alguien dice negro siempre habrá quien diga blanco y a partir de allí nace una confrontación.
(Heráclito ya advertía que el conflicto —pólemos— es padre de todas las cosas).
La envidia, el irrespeto, la maldad, la aberración, la avaricia… Todos estos antivalores, o ¿valores?, depende de quien los mire, se constituyen en una simiente que crecerá como aquel enorme árbol de la guerra.
(Friedrich Nietzsche señaló cómo los valores no son absolutos, sino construcciones históricas atravesadas por relaciones de poder).
¿Hay en el ser humano un ente violento inherente a sí mismo en tanto humano?
(Sigmund Freud habló de una pulsión de muerte, una tendencia autodestructiva que coexiste con la pulsión de vida).
¿Por qué, por ejemplo, a una niña le cae mal otra niña y se expresa con odio hacia ella?
Una niña que debiera irradiar paz, dulzura, tranquilidad, amor.
(Jean Piaget mostró que la moral no nace acabada: se construye progresivamente en la interacción social).
Los niños en general manifiestan conductas hostiles e inmisericordes, muchas veces poco solidarios y faltos de compasión.
(Albert Bandura explicó cómo gran parte de estas conductas se aprenden por imitación del entorno).
Con el tiempo y mientras crecen podrán aprender valores opuestos en sus hogares y escuelas o reforzarán los antivalores en su entorno, en su sociedad. Allí alimentarán, sea cual sea su círculo social, un sentimiento humano, el que sea.
(Pierre Bourdieu subrayó que la sociedad reproduce habitus que normalizan ciertas prácticas, incluso la violencia).
¿Este sentimiento de buscar confrontación, guerra, generará alguna satisfacción dopamínica en el humano?
(Las neurociencias han mostrado que la dominación y la victoria pueden activar circuitos de recompensa).
¿Será ese deseo de avanzar y de querer más, de rebasar el horizonte, de buscar un fondo inalcanzable, la causa que alimenta un sentimiento de rencor, venganza, de odio y de furia infundados sobre falsos cimientos, lo que hace que la guerra aflore?
(Erich Fromm advirtió que la sociedad moderna fomenta un “tener más” que devora al “ser”).
¿Y para qué sirve la guerra? ¿Cuáles han sido los beneficios para el mundo, para la humanidad?
(Walter Benjamin sostuvo que todo documento de civilización es también un documento de barbarie).
¿Será solo la necesidad de llevar un registro histórico de una invasión y posterior victoria, para luego sentarse a firmar tratados de paz donde siempre el pobre ciudadano de a pie es quien pone el pecho, quien aguanta el hambre, el dolor y demás horrores?
(Los estudios de Michel Foucault muestran cómo el poder decide quién vive y quién muere).
Los muertos y ellos, las élites, con un sentimiento morboso gritarán “vencimos”, pero lo más aberrante es que le transmiten ese sentimiento a otra gente, también del pueblo, del común, quienes dentro de un fanatismo infundado, sin saber por qué luchan, también gritan “vencimos” y aún tienen la barriga vacía y siguen velando y llorando a sus muertos: ¡murió pero vencimos!
(George Orwell denunció cómo el lenguaje político vacía de sentido el sufrimiento humano).
Un caos tremendo. La guerra: un negocio redondo disfrazado de causas con fundamentos inventados pero con intereses únicos y fijos.
(Dwight Eisenhower habló del complejo militar-industrial como motor permanente de la guerra).
Hoy se habla de geopolítica cuyo fin son los recursos de otros países. Una globalización cuya matriz es imperialista y que, de manera arbitraria y violando todo derecho internacional, irrumpe fronteras pisoteando soberanías y, con un apestoso egoísmo y desdén por la humanidad, aniquila incluso al inocente, al que sale a buscar un pedazo de pan.
(Noam Chomsky ha denunciado sistemáticamente estas prácticas como formas contemporáneas de dominación).
¿Esto es lo que un día fue un futuro anhelado? ¿Esto es el progreso y el desarrollo? ¿Esto es el producto de los grandes títulos universitarios? ¿Para qué tanta preparación? ¿Para causar muerte, caos, horror?
(Herbert Marcuse habló de una racionalidad técnica que sirve a la destrucción).
Donde niños inocentes caen como viles mercenarios, víctimas del cruento-negocio.
(Zygmunt Bauman advirtió que la modernidad puede producir violencia fría, burocrática, sin rostro).
Es el ego hinchado por el hambre de poder, por el amor al dinero y por una insatisfacción sin medida lo que conduce al ser humano a sacar lo peor de sí en estos modernos escenarios del terror, donde el saco y la corbata infunden más pánico y pavor que la más sofisticada arma.
(Max Weber ya advertía que la dominación racional-burocrática puede ser tan violenta como la fuerza bruta).
REFERENCIAS
Arendt, H. (1970). Sobre la violencia.
Bandura, A. (1977). Social Learning Theory.
Bauman, Z. (2005). Modernidad y holocausto.
Benjamin, W. (1940). Tesis sobre la filosofía de la historia.
Bourdieu, P. (1997). Razones prácticas.
Chomsky, N. (2003). Hegemonía o supervivencia.
Clausewitz, C. von (1832). De la guerra.
Eisenhower, D. (1961). Discurso de despedida.
Freud, S. (1930). El malestar en la cultura.
Fromm, E. (1976). Tener o ser.
Hobbes, T. (1651). Leviatán.
Kant, I. (1784). Idea de una historia universal en sentido cosmopolita.
Marcuse, H. (1964). El hombre unidimensional.
Nietzsche, F. (1887). La genealogía de la moral.
Orwell, G. (1946). Politics and the English Language.
Piaget, J. (1932). El criterio moral en el niño.
Weber, M. (1922). Economía y sociedad.

Comentarios
Publicar un comentario